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Los miles de espejos del Alster aparecen iluminados por la luz del amanecer,
luz fría del Elba, luz fría del Báltico, luz fría del verano.
Sentado en el embarcadero de Jungfemtieg, sobre mis espaldas la iglesia donde
tantas tardes me he refugiado a oír a su hermosa organista, nunca pude hablarle.
En tus espejos veo los cisnes del verano, hermosos, altivos, señores de esas aguas
eternas, entrañables, enciendo un gitane papel de maíz, me sabe dulce como el
amanecer.
La cuenta regresiva está en intensa marcha, me voy al sur, no hay parte del cuerpo
que no duela con esta despedida, aunque es el alma la que jode, con angustiosa intensidad, no tengo ni remota idea por que me marcho, quedarme o marcharme igual duele.
Te recuerdo en invierno transformado en un gigantesco espejo blanco, reflejando el grisáceo cielo invernal, reflejabas a los caminantes, a los errantes, a los patinadores todos matando las horas como si el invierno nunca acabara. Contabas mis pasos sobre el
hielo y los pasos del sobreviviente que solía acompañarme, de tarde en tarde me cruzaba
con otros sobrevivientes, con otros antiguos combatientes, con marinos de todos los mares, contabas mis pasos tristes, mis pasos cansados, mis pasos esperanzados, mis pasos serenos, como este último amanecer.
Las horas de mi existencia en tus riberas, por donde caminaba día a día en esta ciudad, desembocando siempre con tu ineludible presencia, las llevo marcadas en la memoria, ahora me marcho con pocas esperanzas de volver, nada será igual, una vez que seguí tus aguas, una vez que me he vi reflejado en tu espejo.-
29 Agosto 1977
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