| El sol naranja desparrama su luz sobre los techos de Buchenwald
Oigo a los muertos sobre mi conciencia
Voces que se apagaron en el fuego
Amo tus límpidos y claros ojos Irene
Ojos que ni aun el horror, jamás pudo cegar
Me has traído a este laberinto del horror,
del que tu solitariamente pudiste escapar
Me dejas preguntas que nunca podré responder
que nunca podré entender, por que todo me sobrepasa
Deshago silenciosamente canino hacia el norte
me llevo los muertos de Buchewald pegados a mi piel
Miro por última vez tus ojos Irene, me duermo en la tarde del
sol naranja
16 Junio 1977
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