| ¡Oh, diosas!
Descubro que estáis conmigo.
Hasta vos ha llegado
mi ardiente dolor,
mi extrañeza ante este mundo
que gira indiferente a mi herida
-y os habeis conmovido.
Veo que os enteraste temprano de la traición, Demeter.
¿ fuiste tú la que castigó a la ciudad
con tan crudo invierno?
Kali,
¿ eres tú la que ahoga a la primavera
con su improcedente alegría?
Diosas,
el gris lo cubre todo
la Pachamama está de luto,
conmigo.
En otras latitudes, oh iracundas,
habeis castigado la raza de la usurpadora
con terremoto
peste
con muerte,
en remolinos.
Sí, diosas estáis conmigo,
sientís como vuestro mi corazón ofendido.
Actúais caprichosas,
impetusas,
huracanadas,
con cada día más de traición.
¡Ay, diosas!
Hoy os pido que os calmeis,
y me ayudeis a encontrar la calma.
En vez de asistirme en mi deseo destructivo
acogedme entre vosotras para cumplir mi destino.
Ayudadme a aceptar
a perdonar
a transformar mi pasión,
¡ Dadme acceso a lo sagrado!
Quiero que mis actos sean magníficos,
magnanimos,
cuantiosos
-a favor de la vida.
Quiero desencadenar una tormenta de creación.
¡ Y quiero hacerlo, diosas, en vuestra compañía!
Patricia Rios – New York, mayo 2003
|